MONEX VE AL IPC ENTRE 69,500 Y 72,000 PUNTOS HACIA EL CIERRE DE AÑO

29/febrero/2019

Analistas de Monex estiman que, hacia el cierre de 2026 el S&P/BMV IPC oscile entre los 69,500 y 72,000 puntos. 

En un reporte indican que, la previsión sugiere que el mercado superará nuevamente su brecha de valuación para acercarse a máximos históricos, respaldado por un desempeño positivo en más del 60% de las empresas del IPC. 

Una moderación en las expectativas de tasas de interés podría impulsar la recuperación de los metales, especialmente el cobre, fortaleciendo la estructura del mercado junto a los sectores de telecomunicaciones, bancos y proximidad. 

Asimismo, se anticipa un repunte gradual en los materiales de construcción y una mejora gradual en los sectores de consumo y aeroportuario. Un factor clave será el crecimiento económico, el cual con cifras recientes considera un mayor dato respecto a lo previsto en meses previos.

Mientras que, para 2027 la principal amenaza para el mercado mexicano no proviene de los fundamentales corporativos, sino de un entorno macroeconómico que podría mantener las tasas elevadas por más tiempo. Esto limita la expansión de valuaciones y eleva el costo de capital, por lo que el desempeño del IPC dependería cada vez más de la capacidad de las empresas para generar crecimiento rentable, preservar márgenes y producir flujos de efectivo sostenibles. 

En este contexto, la percepción de pocos catalizadores de corto plazo ha favorecido episodios de pesimismo y una mayor selectividad por parte de los inversionistas.

Agrega que, el entorno global muestra riesgos crecientes. La combinación de menor crecimiento, presiones inflacionarias persistentes y condiciones financieras menos flexibles mantiene vigentes los temores de estanflación, mientras que los aranceles, el aumento del endeudamiento y la competencia comercial presionan la actividad económica. 

Aunque persisten las dudas sobre la capacidad de las inversiones en inteligencia artificial para justificar su magnitud, los flujos globales han mostrado una preferencia recurrente por mercados desarrollados y por compañías vinculadas a esta temática, concentrando rendimientos y capital en un grupo reducido de líderes tecnológicos. Esto ha reducido el atractivo relativo de mercados emergentes, incrementando la selectividad de los inversionistas y favoreciendo una postura más defensiva ante la elevada incertidumbre geopolítica y económica. 

En este escenario, los inversionistas han mostrado una inclinación hacia compañías de calidad, con balances sólidos, generación consistente de flujo de efectivo y menor sensibilidad al ciclo económico.

Sectores defensivos, infraestructura, servicios públicos y negocios con ingresos recurrentes han ganado atractivo, mientras que las empresas más ligadas al consumo discrecional enfrentan un escrutinio más riguroso. Además, surgen dudas sobre la fortaleza del consumo estadounidense ante políticas migratorias más restrictivas, mayores costos laborales y el efecto acumulado de tasas elevadas sobre el crédito, lo que refuerza la preferencia por modelos de negocio más resilientes y con mayor visibilidad de utilidades